Netflix ha hecho pública una guía sobre el uso ético de la Inteligencia Artificial Generativa (IAG) en la producción de contenidos audiovisuales. Aunque solo afecta a las producciones realizadas dentro de su ecosistema (producciones o coproducciones donde tenga el control creativo), podemos decir que esta guía es mucho más que un protocolo técnico. Netflix da un paso al frente y, en lugar de prohibir el uso de la IAG, apuesta por la creatividad humana y el uso de estos recursos como herramienta para su desarrollo. En otras palabras, la IAG se concibe como un potenciador de la creatividad, sometida a una serie de reglas para garantizar la transparencia y la protección de los derechos de los implicados. Y aunque surge la duda de si detrás de esta guía subyace, además de su aparente protección de los derechos de los creadores, el interés de evitar problemas legales sobre sus producciones, lo cierto es que su publicación genera cierta tranquilidad al sector.
Basta una simple lectura de los cinco principios rectores enumerados por la guía para captar el ánimo protector de la creatividad y del trabajo humano que la inspira. El primero de todos, el respeto al derecho de autor. “Los resultados no deben replicar ni recrear sustancialmente características identificables de material sin propietario o sujeto a derechos de autor, ni infringir obras protegidas por derechos de autor”, leemos. Grata noticia en un contexto donde no hay semana que no se ponga en entredicho el respeto de los derechos para el entrenamiento de la IAG.













